Uno de esos días en los que decido librarme de la soga. De los días en los que no me da miedo mirar al mundo desde unos tacones. O caminar haciendo ruido, que se note que he pasado por allí. Días en los que mi sonrisa me parece menos absurda y hasta me gusta el hoyuelo que se forma en la comisura del labio. Días de soltar la melena y sentir que por una vez esos rizos imposibles no me estorban. Que lo único negro que veo hoy es la línea bien definida de mi eye-liner, que enmarca una mirada por primera vez en mucho tiempo, dispuesta a todo.
Un día de acordes frenéticos, de ritmos exóticos y ganas de beberme mis 17 años en una cerveza y media.
De arrinconar, aunque sea por una noche la culpabilidad, las dudas, los celos, el rencor. De enterrarlos en mi caja de pandora y sellarla con la promesa de que mañana ya habré matado unos cuantos fantasmas más. Que haré de fiscal y abogada, sólo yo puedo culparme y redimirme.
Que solo el corazón es la única bandera y desde ahí sí...y lo que sigue de canción. Que si falla, se inventa. Y si se olvida, se reinventa.
Y si se jode la cosa se cruzan los dedos, se respira hondo y se sigue adelante.
(Los que olvidamos lo de cuerdos y no oímos lo de locos) Sin reservas. Despertarme aúllando y acostarme sonriendo.
viernes, 9 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
Je suis.
Melancólica cuando me queda grande la euforia. Creativa y poco hábil a partes iguales. Lo sé, suena contradictorio. Soy más de filosofía que de lógica, más de impulsos que de sentido común, más de sentimientos que de raciocionio. Quizás por eso más de Bécquer que de Demócrito. Más de abrazos que de sexo, pero más de sexo que de religión. Más de personas que de partidos políticos. Más revolucionaria que clásica, pero más de Gandhi que de Che Guevara. Más de orgullo y prejuicio que de A tres metros sobre el cielo. Más rompedora de esquemas que de corazones.
Más de libros que de deporte. Curiosa y escéptica. Más de hechos experimentales que de leyendas urbanas.
Empírica a más no poder. Solo aprendo a través de la experiencia y a veces, ni eso.
Más de pequeños encantos que de portentos físicos. Lo que viene a suponer más de fondo que de forma.
Antes Quevedo que Góngora.
Más roja que azul, pero desde que tengo uso desde conciencia no me representa este planeta. O más bien desde que silenciaron a Martin Luther King, John Lennon o Abraham Lincoln.
Más errante que de raíces, quizás porque el que vive esperando muere de esperanza.
Y mi sonrisa sigue despeinada de ir en contra de los vientos, mi reloj disfrazado de noviembre para no infundir sospechas. Y mi equilibrio en la cuerda floja. Esto no supondría un problema de no ser porque yo...
No soy funambulista.
Más de libros que de deporte. Curiosa y escéptica. Más de hechos experimentales que de leyendas urbanas.
Empírica a más no poder. Solo aprendo a través de la experiencia y a veces, ni eso.
Más de pequeños encantos que de portentos físicos. Lo que viene a suponer más de fondo que de forma.
Antes Quevedo que Góngora.
Más roja que azul, pero desde que tengo uso desde conciencia no me representa este planeta. O más bien desde que silenciaron a Martin Luther King, John Lennon o Abraham Lincoln.
Más errante que de raíces, quizás porque el que vive esperando muere de esperanza.
Y mi sonrisa sigue despeinada de ir en contra de los vientos, mi reloj disfrazado de noviembre para no infundir sospechas. Y mi equilibrio en la cuerda floja. Esto no supondría un problema de no ser porque yo...
No soy funambulista.
Hi, MOM ♥
Tumbada, notando la rigidez de la lona del sofá bajo mi espalda, tan dura como protectora, me dejaba a la vez aletargar por el aliento cálido de ella, que notaba sobre mi nuca. Sus manos me atraían hacia ella con firmeza y se entrelazaban en mi pecho. Así, sobre mi espalda notaba apoyada su mejilla y no pude evitar sentirme nostálgica y momentáneamente enternecida por esa cualidad suya tan brillante que la gente solía olvidar con facilidad. Muchos admiraban a la madre, la esposa rebelde o la amiga incondicional. Incluso al espíritu libre. Pero yo no podía dejar de notar que pocos reparaban en esa manera suya, esa innata cualidad de anteponer el afecto a la comodidad. Y ahí estábamos, las dos apretadas en un espacio de mala muerte, demasiado pequeño para tanta ternura recogida en un solo abrazo. Temblando de frío, intentando acaparar lo máximo posible el calor de aquella manta raída. Anteponiendo el afecto a la comodidad. Y al buscarle la utilidad pienso...
Sin comodidades eres mediocre. Sin afecto eres mediocre.
Pero puedo comer mierda y acostarme en los portales si a la noche tengo alguien que me abraza
miércoles, 7 de diciembre de 2011
"Aunque éste sea el último dolor que él me causa...
...y aunque estos sean los últimos versos que yo le escribo."
Porque llega un momento de afrontar que ya estoy fuera. Que no, que probablemente no volveré a estar ahí arriba porque yo rechacé en su momento el lugar que se me ofrecía. Y ahora me quedo con lo puesto. Una calle atrás, lo que supone unos cuantos años luz lejos de aquella odisea. Cuan alejadas pueden estar dos almas aún hallándose a pocos metros la una de la otra. Al fin y al cabo la distancia la marcamos tú y yo a medias, no las calles, ni los kilómetros físicos. Aceptar mi vulnerabilidad es casi tan heroico como necesario, no tenía opción. O dejo las cosas como están o, en mi afán por trastocar el orden natural de las cosas apelo al antiguo sentimiento. Déjalo morir, pues ya elegiste. No te empeñes en seguir abriendo la brecha o acabarás quemándote. Quédate con tus recuerdos y lo que te queda de cordura. Destruye lo que te ata, atrévete a hacer lo que nunca haces. Con la sudadera y los acordes raídos. Con una certeza que ya es mía y una canción de fondo. Con la mirada medio altiva medio risueña, pero sobre todo...
Con la sonrisa despeinada de ir en contra de los vientos.
martes, 6 de diciembre de 2011
lunes, 5 de diciembre de 2011
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