Uno de esos días en los que decido librarme de la soga. De los días en los que no me da miedo mirar al mundo desde unos tacones. O caminar haciendo ruido, que se note que he pasado por allí. Días en los que mi sonrisa me parece menos absurda y hasta me gusta el hoyuelo que se forma en la comisura del labio. Días de soltar la melena y sentir que por una vez esos rizos imposibles no me estorban. Que lo único negro que veo hoy es la línea bien definida de mi eye-liner, que enmarca una mirada por primera vez en mucho tiempo, dispuesta a todo.
Un día de acordes frenéticos, de ritmos exóticos y ganas de beberme mis 17 años en una cerveza y media.
De arrinconar, aunque sea por una noche la culpabilidad, las dudas, los celos, el rencor. De enterrarlos en mi caja de pandora y sellarla con la promesa de que mañana ya habré matado unos cuantos fantasmas más. Que haré de fiscal y abogada, sólo yo puedo culparme y redimirme.
Que solo el corazón es la única bandera y desde ahí sí...y lo que sigue de canción. Que si falla, se inventa. Y si se olvida, se reinventa.
Y si se jode la cosa se cruzan los dedos, se respira hondo y se sigue adelante.

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