Bailar bajo la lluvia no siempre es de película. Quizás sea menos artístico y más incómodo de lo que parece. De hecho más que artístico es necesario, es casi una obligación. Porque no podemos [u]hibernar[/u] cada vez que se avecina una tormenta, si nos dedicamos a buscar calor que nos proteja del vendaval quizás nunca lo encontremos. [b]Porque el refugio a la tormenta no se busca en el momento[/b]. Porque estamos una deuda para con nosotros mismos que nos hace capaces de resitir al deterioro, a la humedad. A los golpes, al los daños. Esta perspectiva quizás resulta poco agradable, poco estética. La realidad tiende a ser más ardua que su versión cinematrográfica, pero volviendo al tema de la belleza...
No hay que olvidar que después de la lluvia...
"Y si su sonrisa todavía existe, ésta se convierte en arcoiris". (Benedetti)

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