lunes, 12 de diciembre de 2011

Volviendo al hastío..

Cansada de mí misma y a causa de eso en guerra permanente con el mundo. Hasta que me pongo delante del espejo y la persona ojerosa y flacucha de mi reflejo me dice: Eh...¡deja ya de hacer el gilipollas!
¿Qué no te gustas a ti misma? ¿Y quien sí? ¿Que no consigues lo que quieres? Porque siempre haces lo mismo, hasta que no te das la ostia no cambias el rumbo, aún viéndolas venir te sigues refugiando en tu mundo de indolencia hasta que la realidad te supera y te abofetea con una racha de mala suerte.
¿Y qué haces tú? ¿Rebelarte, hacer algo por cambiar tu situación? No...cansarte, lamentarte, fustigarte, machacarte, herirte. Como si esas lágrimas con sabor a sueños rotos fueran a ser capaces de aliviarte siempre. Como si esos brazos solícitos fueran a sacarte del abismo cada vez que tropiezas. ¡Que no te enteras!La mayoría de las veces ni saben qué has caído, ni cuándo ni cómo. No basta con levantarse, hay que seguir andando. Y a la mierda con la autodestrucción, la autconmoción y la merma de autoestima. Búscala allá donde la perdiste, ¿quien te va a querer si no empiezas tú, eh? No esperes un hombre que te repita todos los días lo preciosa y fantástica que eres, ni unos amigos que te reciban siempre con condecoraciones. No esperes ser la mejor para nadie. Empieza siendo lo mejor para ti misma, y el resto vendrá después. Digo, ya que tienes que convivir contigo misma toda la vida, atrévete a conocerte. Deja erguirte fachadas y escupe todas esas etiquetas que creías que hacían de ti alguien más interesante.

Retomemos el proceso. Desde cero. Ahí te ves. Desnuda y desarmada, limpia. Frente a frente con esa persona que desde el reflejo ya no parece tan poca cosa como antes, porque a pasos pequeñitos va a abrirse paso en el mundo.


Porque un paso enseña más que un salto, se ve mejor lo visto e insisto...
se aprecia  m á s  e x a c t o.  No saltes. Pero tampoco te quedes parada. Supera el punto de inflexión, sigue, no te detengas. Bien hecho. No importa que hayas avanzado tres metros o cuarenta kilómetros, porque el fin no es la meta, sino el maldito camino ese al que aluden todas las canciones que venden optimismo. Y ya sabes que no hay camino. A la mierda con el determinismo. Se hace camino al andar.

¡Así que andando, que es gerundio!

No hay comentarios:

Publicar un comentario